Santiago Cayuelas: Miguel Ángel convulso

La prótesis como metáfora del arte

por José Gandía Casimiro

 

Santiago Cayuelas es un artista de paradojas, situado entre la actitud irónica y la poesía apasionada.

La ironía es un elemento capital en el arte más lúcido del siglo XX. Cayuelas ha elegido conscientemente esta vía aunque su alma se desgarre ante el panorama expresionista de la Historia con mayúsculas.

Su actitud participa tanto de las actitudes apropiacionistas, un tanto de bricolaje, de la estética postmoderna, como de las exaltaciones de las vanguardias, otra estimulante paradoja.

Cayuelas ha situado sus últimas obras en flexiones y reflexiones alrededor del cuerpo humano. Artista pluridisciplinar, bien formado y muy leído, se acerca al cuerpo con pasión teñida de compasión. Observa la degradación como pudieran hacerlo un Francis Bacon o un Samuel Beckett, pero con respuestas estilísticas particulares. Su punto de vista remite más a una filosofía de salvación escénica, y de estilización, caracterísitca de algunas vanguardias rusas como las de la Fábrica del Actor Excéntrico y sobre todo las de la Biomecánica de Meyerhold.

Cayuelas participa del optimismo meyrholdiano, y de su biomecánica. No es extraño, pues, que sus propuestas tridimensionales le aproximen a soluciones de gestos escenográficos o posturas actorales. Su relectura de las vanguardias no se acaba aquí, sino que se extiende a Schlemmer y a los futuristas italianos.

Situado entre el cuerpo y sus alrededores, Cayuelas se distancia del body-art por una cuestión de temperamento y por una irrenunciable, y venerada por él, herencia clasicista.

Con todo, no puede dejar de considerar las aportaciones del body-art en artistas como Nauman o Samaras, con la diferencia de que en lugar de utilizar su propio cuerpo, se sirve de ingeniosas simulaciones, de ortopedias. Es un desclasificador de signos como los artistas citados, pero siguiendo el camino inverso: Cayuelas remite al desgarramiento humano a través del simulacro.

Yo soy otro, decía Rimbaud. Cayuelas mira al otro de cuerpo degradado y, además de despertar en él la compasión, aprecia una sensualidad morbosa pero cierta, de fetiches liberadores y ensoñaciones libertarias, a la manera de surrealistas como Buñuel, Max Ernst, Meret Oppenheim, o Leonor Fini. Y, junto a la sensualidad, una ironía desgarrada acerca de la condición humana, miserable y esplendorosa a un tiempo.

Si el culto a Miguel Ángel representa la canonización de la estatuaria clásica, las propuestas de Cayuelas son las de un Miguel Ángel convulso que adorase los cuerpos en su maravillosa degradación, o en una mutilación perfecta. Para ello, y esto era un reto, el artista debe dominar el clasicismo y la vanguardia, el surrealismo y el body-art, la ironía y la tragedia, la compasión y la biomecánica.

Cayuelas se reconoce en Rimbaud. Yo soy el otro.

Y al cuerpo otro, un arte otro.

Si la catarsis consiste en que los desgarramientos humanos se comprenden mejor a través de representaciones imaginarias, que actúan por ello como una prótesis, cabe preguntarse: ¿pero no es este el destino del Arte?

Es el enigma que nos propone Santiago Cayuelas.

Miguel Angel convulso.

 

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